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No queremos limosnas

Por Juan Antonio Blanco
Así declaró Fidel Castro en una Reflexión sobre las recientes medidas humanitarias de Obama. Tiene mucha razón: los cubanos no queremos limosnas.
Vale la pena, entonces, destacar las limosnas que rechazamos y lo que demandamos incondicionalmente del gobierno cubano.
No queremos que “flexibilicen gradualmente” las normas migratorias y de viajes. Demandamos la supresión de los permisos de entrada y salida del país, el derecho a migrar y retornar libremente, la liberación de los parientes que tienen de rehenes sin permitirles la reunificación familiar y el cese de todas las represalias contra los que desean migrar hacia el exterior o dentro de Cuba.
No queremos que nos “autoricen” a mantener contactos con nuestros familiares. Demandamos la abolición del pago de trámites para ir a nuestro propio país, el reconocimiento del uso de pasaportes de aquellos países donde somos ciudadanos, la reducción de tarifas telefónicas y de los impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del Hemisferio Occidental y de las más caras del mundo.
No queremos que se amplíe “gradualmente” el uso “social” de Internet. Demandamos ejercer el derecho a acceder a la red de redes mundial –no al controlado Intranet- sin “filtros”, pagando en moneda nacional y desde cualquier parte del territorio nacional, incluyendo los hogares.
No queremos que se entreguen tierras en “usufructo” por diez años, donde no se puede residir para labrar la tierra. Demandamos una verdadera reforma agraria que entregue los latifundios estatales improductivos a quienes los hagan producir.
No queremos “autorización” para adquirir celulares y acceder a hoteles. Demandamos que la moneda nacional sea una sola y que los precios de esos y todos los servicios se correspondan con los niveles del salario medio y su poder adquisitivo.
No queremos una política informativa “más critica y abierta”. Demandamos el libre acceso a todas las fuentes de información por medio de la TV satélite e Internet y el derecho a diseminar criterios e informaciones por esas vía y en la prensa nacional sin esperar ser reprimidos por ello.
No queremos que el Partido y el Estado nos “autoricen” cada cierto número de años a decir lo que pensamos sin temer represalias. Demandamos la inmediata e incondicional cancelación de toda la legislación represiva que tipifica como delitos contra la seguridad del Estado y como “propaganda enemiga” y “diversionismo ideológico” la expresión de cualquier criterio que no sea del agrado de los funcionarios.
No queremos “canjes” de presos por conveniencias políticas. Demandamos la revisión de todas las leyes y decretos vigentes -a la luz de los estándares establecidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos sobre Derechos Políticos y Civiles y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales-, acompañadas de una revisión de todas las sanciones contra personas que, habiendo sido acusadas de delitos comunes o políticos no han cometido crimen alguno a la luz de esas normas, por lo que deben ser liberadas, cancelados sus antecedentes penales y compensadas por la arbitrariedad cometida en su contra.
No queremos que el Estado nos siga prometiendo que va a mejorar los empobrecidos niveles de vida que hoy sufrimos. Demandamos que nos liberen de las leyes que impiden al ciudadano tomar iniciativas económicas personales o familiares para su autosostenimiento y que a la vez provean productos y servicios al resto de la sociedad.
No queremos que el gobierno siga prometiendo reponer las pérdidas y reconstruir las viviendas a los damnificados de los ciclones. Demandamos que se respete su derecho a recibir ayuda directa de cualquier país, institución o persona que desee prestársela.
La lista no es exhaustiva, pero de ella se deriva una conclusión simple. Los pasos dados la pasada semana por la Administración Obama son concretos y benefician de manera instantánea a millones de cubanos, mientras que los pretendidos “cambios” que se asocian a Raúl Castro se han producido a cuenta gotas por casi tres años, y constituyen hasta hoy inaceptables limosnas ofrecidas al ciudadano de a pie en la isla.
Estas son algunas de las demandas soberanas del pueblo cubano. A diferencia del levantamiento del embargo, no dependen de discusiones y decisiones de un parlamento extranjero. Tampoco de “gestos” de nadie. Esperan apenas por el acatamiento de la voluntad popular de parte del gobierno que pretende representarla.
Apoyar esas exigencias -en lugar de mendigar o agradecer limosnas- es un servicio a la defensa de la soberanía nacional. En defensa del único legitimo y genuino soberano que es el pueblo cubano.
abril 18, 2009 at 11:57 am Juan Antonio Blanco Deja un comentario
Carta abierta del sacerdote José Conrado a Raúl Castro
Por José Conrado Rodríguez Alegre, Pbro
Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús

Padre José Conrado
El sacerdote católico José Conrado Rodríguez Alegre, de la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, ha escrito y hecho pública esta Carta Abierta al General de Ejército Raúl Castro Ruz.
Carta abierta al General de Ejército Raúl Castro Ruz,
Presidente de la República de Cuba.
Estimado Señor Presidente:
Hace quince años me atreví a escribirle al entonces jefe del Estado cubano, Doctor Fidel Castro Ruz, por aquel entonces Presidente de nuestro país. La gravedad de aquella hora me lo impuso como un deber para el bien de la Patria. La gravedad de esta hora me impone escribirle a Ud. para hacerle partícipe de mis preocupaciones actuales. ¿Debo acaso describirle la situación de nuestro país? La crisis económica afecta a todos los hogares y hace que las personas vivan angustiosamente preguntándose: ¿qué voy a comer o con qué me voy a vestir? ¿Cómo conseguiré lo más elemental para los míos? Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza. La inseguridad y el sentimiento generalizado de indefensión provocan la amoralidad, la hipocresía y la doble cara. Vale todo porque nada vale, más que la sobrevivencia a todo precio, que luego descubrimos que es “a cualquier precio”. De ahí que el sueño de los cubanos, en especial de los más jóvenes, sea abandonar el país.
Parecería que nuestra patria está ante un callejón sin salida. Como hombre de fe, sin embargo, yo creo que Dios jamás nos pone ante situaciones absolutamente desesperadas. Creo firmemente que nuestro camino como nación y como pueblo, no acaba en un precipicio ineluctable, en una realidad de desgracia irreversible. Siempre hay una solución, pero se necesita audacia para buscarla y encontrarla. En sus recientes y urgidos llamamientos a trabajar con tesón incansable creo reconocer una peculiar y certera percepción de la gravedad del momento, pero también, que Ud. considera que la solución depende de nosotros. Pero como decía aquel slogan convertido en chiste… “No basta decir pa’lante, hay que saber pa’ dónde”.
Hemos vivido culpando de nuestra realidad al enemigo, o incluso a los amigos: la caída del bloque de países comunistas en Europa del Este, junto con el embargo comercial de los Estados Unidos se han convertido en el totí que carga con todas nuestras culpas. Y esa es una cómoda pero engañosa salida ante el problema. Como decía Miguel de Unamuno, “solemos entretenernos en contarle los pelos que la esfinge tiene en su cola, porque nos da miedo mirarla a los ojos”.
No basta, General, con resolver los problemas, ciertamente graves y urgentes, de la comida, o del techo, que en los recientes huracanes, tantos compatriotas acaban de perder “con sus pobres enseres: miedos, penas”. Estamos en un momento tan crítico que debemos plantearnos una profunda revisión de nuestros criterios y de nuestras prácticas, de nuestras aspiraciones y de nuestros objetivos. Y aquí cabría, con todo respeto, recordar aquellas palabras que nuestro Apóstol nacional José Martí le escribió al Generalísimo Gómez en una situación en cierto modo semejante: “No se funda un pueblo, general, como se manda un campamento”.
El mundo está cambiando. La reciente elección de un ciudadano negro para ocupar la primera magistratura de un país antiguamente reconocido como racista y violador de los derechos civiles de los negros, nos dice que algo está cambiando en este mundo. La encomiable y fraternal preocupación de nuestros hermanos del exilio ante los fenómenos meteorológicos que recientemente han golpeado a nuestro pueblo, y su ayuda generosa, desinteresada e inmediata, son el signo de que algo está cambiando entre nosotros. El gobierno cubano que Ud. hoy encabeza, debe tener la audacia de encarar esos cambios con nuevos criterios y nuevas actitudes.
Nuestro país ha reaccionado con valor cuando un gobierno foráneo ha querido inmiscuirse en nuestros problemas nacionales. Sin embargo, cuando se trata de la violación de los Derechos Humanos, no solo los gobiernos, sino hasta las personas individuales, los simples ciudadanos, de dentro o fuera del país, tienen algo que decir. En su Carta desde la Cárcel de Birminghan, Martin Luther King dijo: “La injusticia particular es una amenaza a la justicia universal. Estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, unidos en un único tejido del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente” . Tenemos que tener la enorme valentía de reconocer que en nuestra patria hay una violación constante y no justificable de los Derechos Humanos, que se expresa en la existencia de decenas de presos de conciencia y en el maltrecho ejercicio de las más elementales libertades: de expresión, información, prensa y opinión, y serias limitaciones a la libertad religiosa y política. El no reconocer estas realidades, para nada favorece nuestra vida nacional, y nos hace perder el respeto por nosotros mismos, a nuestros ojos y a los ojos de los demás, amigos o enemigos.
La causa de la paz, interna y externa, y la prosperidad misma de la nación, se enraízan en el respeto incondicional a esos derechos que expresan la suprema dignidad del ser humano como hijo de Dios. Y guardar silencio sobre esta realidad, pone sobre mi conciencia un peso tal, que no me siento capaz de soportar. Y ésta es para mí, mi manera de servir a la verdad y de ser consecuente con el amor que siento por mi pueblo.
Le confieso, general, el disgusto y la tristeza que me ha causado saber que nuestro gobierno ha rechazado, al parecer por razones ideológicas o de diferencias políticas, la ayuda que querían enviar EEUU y varias naciones europeas, para los damnificados por los ciclones que azotaron nuestra tierra. Cuando uno cae en desgracia, (y eso le puede suceder a cualquiera, también a los poderosos), es la hora de aceptar la ayuda que se brinda, porque esa ayuda revela un fondo de buena voluntad ante el dolor, de solidaridad humana, incluso en aquellos que considerábamos nuestros enemigos. Darle la oportunidad al oponente de ser bueno y de hacer lo justo, puede sacar a flote lo mejor de nosotros mismos, y del otro, haciéndonos cambiar viejas actitudes y curar resentimientos dañinos. Nada contribuye más a la paz y la reconciliació n entre los pueblos que este saber dar y recibir. La frase de San Francisco de Sales, válida en las relaciones interpersonales, también lo es entre países: “más moscas se cazan con una gota de miel, que con un barril de vinagre”. Como dijo su Santidad Juan Pablo II en su visita a nuestro país: “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Pero si seguimos con las puertas cerradas nadie podrá entrar, por más que lo desee. Un signo de esperanza para mí es la participación y mayor espacio que se le ha dado a CARITAS para ayudar a nuestro pueblo. Eso merece un especial reconocimiento y es un cambio positivo y esperanzador.
Créame, Señor Presidente, no le escribo para presentarle una lista de quejas y agravios sobre nuestra realidad nacional, aunque si así lo hiciera esa lista podría ser muy, muy larga. La verdad, he querido hablarle de cubano a cubano, de corazón a corazón. Un gran amigo mío sacerdote, ya fallecido, solía decirme: “un hombre vale lo que vale su corazón”. En el entierro de su esposa, al verlo a Ud. rodeado de sus hijos y nietos, conmovido hasta las lágrimas, yo percibí que es Ud., un hombre sensible. Y yo pienso que mayor sabiduría hay en el corazón de un hombre bueno que en todos los libros y bibliotecas de este mundo, pues como dice la canción: “lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más alto proceder, ni el más ancho pensamiento…” . Por eso apelo a su sentido de responsabilidad, a su bondad, para decirle que no tenga miedo, que sea audaz en emprender un nuevo camino diferente en un mundo que está dando tantas señales de cambiar a mejor. Como le dije a su hermano hace 15 años, todos los cubanos somos responsables del futuro de la patria, pero por el cargo que Ud. ocupa, por el poder que ahora tiene, esa responsabilidad recae de manera especial en Ud.
Si Ud. decide emprender ese camino de esperanza, cuente conmigo, general. Me tendrá en primera fila, para ofrecerle a Cuba, una vez más, lo único que tengo: mi corazón; y a Ud. mi mano franca y mi colaboración desinteresada. Así haremos realidad el sueño martiano de hacer una patria “con todos y para el bien de todos”.
Quiero terminar con unas palabras que dijo nuestro actual Papa, Benedicto XVI en 1968: “Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica, se haya la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica” . Si eso vale para la autoridad eclesiástica cuyo origen considero divino, vale para toda otra autoridad humana, por poderosa que ésta pueda ser. Con mis mejores votos,
José Conrado Rodríguez Alegre, Pbro.
Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús
¿Represión clandestina o miedo a los derechos?

Por Dagoberto Valdés Hernández
En Cuba está ocurriendo un fenómeno muy interesante de inversión de roles y métodos de trabajo en la escena cívica y política.
En efecto, a lo largo de los cincuenta años que ha durado este sistema me parece que los papeles se han trastocado e invertido las formas de ser, de pensar y de actuar de cubanos y cubanas de una y otra opción política, de una y otra forma de pensar. Se ha cambiado paulatinamente, casi imperceptiblemente los modos de proceder, los estilos, los desempeños.
Personalmente, tengo la experiencia, mucho más vivida y sufrida por cientos de miles de compatriotas. Así pudiéramos hacer más consciente ese cambio del que no he escuchado ni leído mucho.
Al principio, y hasta hace muy poco, las instituciones que tienen, en cualquier lugar del mundo, la misión de cuidar del orden interior y reprimir lo que consideran manifestaciones de indisciplina social o las expresiones de disidencia y oposición política, lo hacían de forma predominantemente explícita, lo que no quiere decir que no utilizaran siempre y hasta hoy los métodos tradicionales de trabajo encubierto. Lo que predominaba era que esos agentes se presentaban con sus respectivos uniformes, citaban por escrito y con membrete y cuño. Lo hacían para los locales que ocupan los organismos de la policía política. Se presentaban mostrando su carnet, aunque fuera furtivamente, pero se sentían en la obligación formal de hacer todo este proceder. Levantaban acta con lenguaje directo, citando leyes y artículos, la daban a leer antes de solicitar la firma, presentaban órdenes de registro y otros procedimientos legales explícitos. Independientemente de que fueran justos o injustos según las leyes impuestas. No es a este punto que me refiero en este artículo.
Ahora, desde hace un tiempo, todo eso sigue, pero se ven con más frecuencia otros métodos que se van haciendo como si fueran normales y comunes y legales y aceptables: No generalizamos, pero resulta muy interesante ver cómo son agentes de la Policía Nacional los que citan, o los que detienen, o los que disuelven un grupo de pocas mujeres que se sientan pacíficamente en un parque a solicitar sus derechos. Luego, si hay cita, se usa el mismo membrete de la PNR y no el de los órganos de seguridad, si es que no se envían en pedazos de papel sin membrete, ni formato, ni cuño. En ocasiones la cita es solo verbal, como una “invitación a conversar”. Ya sé que eso ha sido siempre, pero noto que crece su proporción y se acepta como normal.
Por otra parte, se cita para estaciones de la policía, oficinas del carnet de identidad, centros de trabajo o se realiza en un parque, bajo un árbol, o en el mismo centro de trabajo, estudio o en las casas de los citados. Los agentes no llevan uniforme, ni identificación, ni enseñan carnet, ni siquiera dicen su nombre completo, y si lo hicieran, se permiten decir: “soy Juan” (recuerdo a Juanito, el que me “atendía” en el pre universitario). Luego no hay ningún documento, ni se dan las decisiones por escrito, ni se permite dialogar o debatir como se hacía durante horas en otros tiempos. No se citan las leyes, ni los artículos. No queda ni rastro de un procedimiento que parece ser informal, pero obliga. Parece ser por partede civiles, pero es ordenado o ejecutado por militares.
Antes la disidencia era predominantemente silenciosa, anónima, clandestina, subterránea…
Ahora toda la oposición dentro de Cuba es transparente, abierta, dando el rostro, nombres, apellidos, dirección particular, centro de trabajo o estudio y teléfono, si se tiene. La disidencia se expresa francamente, a la luz del día, en los medios de comunicación al alcance, en la misma voz de sus autores, se firman los artículos, se ilustran las entrevistas con fotos de los disidentes. La sociedad civil en Cuba, ha salido de las catacumbas y lo ha hecho con sus dos “armas” fundamentales: la transparencia y los métodos pacíficos. Nada queocultar, fuera la paranoia. Todo a la luz.
La oposición y la disidencia, los miembros de la sociedad civil dentro de Cuba no usan anónimos, mientras que las más serias instituciones del Estado reconocen los anónimos como denuncias para abrir investigaciones, los presentan como documentos en reuniones públicas y formales. Le dan crédito y son usados como pretexto (pre-texto y con-texto) y arma para atemorizar, reprimir y castigar. Este mundo está al revés. ¿Cómo es posible que funcionarios en ejercicio de su cargo se presenten con un anónimo en un país donde se dice que existe una legalidad? ¿En qué lugar recóndito del mundo los anónimos son documentos probatorios, o comienzo oficial de procesos de purga, o son reconocidos por los organismos,directores y oficiales?
Antes, muchos de los diversos grupos usaban el ataque, la confrontación y la violencia verbal y armada. Ahora, toda la oposición, la disidencia y la sociedad civil dentro de Cuba solo aceptan métodos pacíficos. Han desterrado los métodos violentos, los ataques verbales, las descalificaciones a los adversarios. Mientras, esos métodos son cada vez más usados por los que ostentan la obligación de preservar al país de ese mal ambiente de confrontación, división y descalificación entre cubanos y cubanas. Es perfectamente comprobable, no solo en todos los medios de comunicación, sino en palabras personales, documentos y declaraciones.
Esta inversión de los roles sociales no es casualidad, ni descuido, ni permisividad negligente. Son métodos “comunes”, aceptados, habituales. Responden al cambio de correlación de fuerzas sociales y políticas. Son un signo del estado actual de las instituciones de este país.
¿Por qué hay que esconder la propia identidad, si creemos que lo que estamos haciendo es el cumplimiento del deber?
¿Por qué hay que cambiar de lugares de citas, si creemos que estamos haciendo algo dentro de la ley?
¿Por qué se evitan las identificaciones personales y se acude a seudónimos y anónimos, si creemos de verdad que lo que estamos haciendo es para el bien de nuestro país y nuestra causa?
¿Por qué no se entregan las advertencias o prohibiciones por escrito, debidamente argumentadas y justificadas por la ley correspondiente y los artículos violados, en un papel timbrado y con el cuño o sello oficial, si consideramos que no violamos ningún derecho universalmente reconocido?
¿Por qué temen al diálogo con los entrevistados, por qué se teme a las ideas y se anteponen los epítetos, los insultos, se califican de mercenarios y corruptos a personas comprobablemente éticas?
¿Por qué los ciudadanos debemos aceptar y creer en anónimos sin firma, rostros bajo seudónimos, amenazas sin leyes o prohibiciones sin papeles?
¿Qué tipo de educación jurídica, cívica y política tenemos los cubanos y cubanas que consideramos esto como algo “normal” y más aún, como algo “legal”?
Donde hay miedo a la propia identificación, a los documentos probatorios escritos, al diálogo pacífico con un contenido de ideas y no de amenazas y descalificaciones de los interlocutores, es porque se tiene conciencia de que se ha violado alguna ley, o se ha negado algún derecho o se están usando métodos inaceptables a la luz pública.
Cuba firmó el 10 de diciembre de 2007 los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, Económicos, Sociales y Culturales, que obligan a los países firmantes a defender, promover y educar a su pueblo en todos esos derechos a partir del momento en que sean ratificados. Cuba, un año después, no los ha ratificado, ni ha comenzado a adecuar públicamente sus leyes a esos Pactos Internacionales promovidos por la ONU.
Quiero pensar positivamente, a pesar de todo. Y quiero esperar que este cambio de métodos y roles no se deba a la debilidad, incoherencia y contradicciones internas de un sistema de instituciones, sino que se debe a ese corcoveo del tránsito entre lo que ha sido violado y justificado por la fuerza durante 50 años y lo que ya viene.
Quiero desear que mi país, tan bello en la naturaleza y en el alma de nuestro pueblo, tan pacífico por idiosincrasia y tan tolerante y plural por sus orígenes y cultura, pueda dejar atrás esos métodos y papeles confundidos y llegue al fin para todos, víctimas y victimarios, esa etapa de verdadera recuperación de la conciencia ética y cívica de los cubanos y cubanas, de la construcción de una convivencia pacífica y laboriosa; la reconciliación de una nación donde todos podamos decir nuestra verdadera identidad, donde todos podamos disponer de las leyes y documentos oficiales, de los procedimientos justos y legales; donde todos estemos bajo el imperio de unas leyes iguales y justas para todos, donde se echen al cesto de la ignominia los anónimos y seudónimos, donde se promuevan las iniciativas ciudadanas pacíficas y el trabajo de la mayoría no sea prohibir, controlar, amenazar, presionar, disimular, esconder.
Quiero, al inicio de este año 2009, pensar en un país en que todo lo bueno pueda hacerse a la luz del día, donde el sobresalto de los buenos no sea su propia seguridad, ni el miedo de los que deben cuidar de esa seguridad sea hacerlo a la luz de la justicia, “ese mundo moral” del que habló, enseñó y vivió, José de la Luz y Caballero.
Nota
Foto Asuntos Oficiales. De: Jesuhadín Pérez
enero 26, 2009 at 3:42 am Dagoberto Valdés Hernández Deja un comentario
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